DOS SEMANAS DESPUÉS.
Helena estuvo a punto de morir de frustración por el arresto domiciliario que le dio el rey Ares. No se le permitía salir de la habitación ni hacer nada por su cuenta.
Tenía sirvientes que le servían la comida, le bañaban y le escogían la ropa. Hizo todo con la ayuda de otros y lo odiaba, pero no podía ir en contra de las órdenes del rey.
Esa noche, el rey estaba en sus aposentos leyendo un libro cuando escuchó un golpe en la puerta de su habitación.
—Adelante. —Hizo una se