—¡Su majestad! —un guardia entró corriendo a la oficina del rey Ares con una expresión casi aterrorizada en su rostro.
—Sí —el rey respondió, sin mirar al guardia. Tenía los ojos pegados a el pergamíneo mientras seguía escribiendo en ella.
—Es Helena... —informó el guardia y todos los sentidos del rey Ares se pusieron alerta. Miró al guardia con miedo escrito en su rostro.
—¿Qué pasa con Helena? —Él se puso de pie—, ¿qué le ocurrió a ella? —ya estaba alzando la voz mientras se acercaba al guard