—¡¿Cómo te atreves?! —inquiere con desdén Alfa Ace, y se pone delante de ella. Lo único que los separa y le impide estrangularla hasta la muerte con los barrotes de la puerta—. ¡¿Cómo te atreves a insultarme?! ¡¿Cómo te atreves a insultarme?! —ruge con rabia, pero ella no se inmuta.
—Oh, por favor, no malgastes tu cara de póquer conmigo.
Ella afirma que es un tono muy descuidado, y eso solo lo enoja más. Siente ganas de golpearla muy fuerte en ese momento, pero sabe que no debe poner su mano so