Al anochecer, alguien toca a la puerta del despacho de alfa Ace.
—Alfa, ¿puedo entrar? He recibido algunas noticias -se oye la voz de su beta Nicolás.
—Sí —responde sin darle importancia, con los ojos pegados a los documentos que tiene delante, y se rasca la cabeza.
Revisa algunos informes relacionados con las nuevas cosechas de este año. Hasta ahora, todo avanza relativamente bien, pero eso no significa que no haya habido inconvenientes.
La puerta se abre y su beta entra.
—¿Cómo va las cuentas