La boca de Alina colgaba de sus rótulas. Estaba tan sorprendida que no pudo moverse ni decir nada durante un rato.
—Cierra la boca, podrías tragarte una mosca —Tatiana advirtió y cerró la boca, pero la abrió casi de inmediato para hablar.
—Ese fue un ataque tremendamente arriesgado. ¿Y si los descubrieran? Habría sido el final.
Tatiana asintió. —Ciertamente. Estoy feliz de que haya funcionado. Me hace sentir como si la diosa de la Luna estuviera de nuestro lado —bromeó.
Alina la miró de reojo.