Tatiana lloró una vez más durante todo el camino hasta su dormitorio. Su vida se estaba convirtiendo poco a poco en un infierno en ese castillo.
Su corazón se contrajo.
Dolía como si lo estuvieran abriendo con un hacha.
Su cabeza estaba tan pesada que sentía como si se le fuera a caer del cuello. Le dolían los ojos por llorar demasiado y le dolía la garganta por todos los gritos y tragaciones que hizo allí atrás.
Era como si se hubiera tragado cien palillos a la vez.
Se apoyó en la puerta cerra