MAX.
El tintineo de las tazas de porcelana fina y el murmullo bajo de los empresarios que frecuentan esta cafetería de lujo en el centro de Moscú no logran calmar la turbulencia de mi cabeza. Estoy sentado en la mesa del rincón, la más apartada, con un café cargado que no he tocado. Hace diez minutos recibí la llamada de Victoria desde el hospital. Me lo contó todo. Quince días. Quince malditos días son los que separan a su sobrino de la vida, y todo porque el organismo de Adel es un vertedero