Xavier volvió para ver cómo estaba Valeria, pero esta vez la encontró en la ducha. Decidió esperarla, se sentó en su cama y su suave aroma lo envolvió, haciendo que alzara la vista.
—¿De verdad estás bien, Valeria? —preguntó Xavier de nuevo. La vio apretar los dientes y con el rostro pálido. Valeria decidió dejar de fingir y negó con la cabeza.
—Verás, tengo unos cólicos horribles —respondió, agarrándose el vientre con dolor. Xavier comprendió al instante lo que le pasaba.
—¿Tomaste algo para e