Valeria se despertó un sábado por la tarde sintiéndose renovada. Habían pasado seis días desde que llegaron a Londres. Seis días en los que el extraño y dulce Xavier la había sorprendido continuamente. Valeria fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua.
—Los vestidos llegarán pronto —dijo Xavier desde atrás. Valeria reaccionó con indiferencia. Xavier se había esforzado mucho, y ahora empezaba a preguntarse si ella era su asistente o si era al revés. Tal como Xavier había predicho, poco después