El trayecto al hotel fue corto, pero por alguna razón se le hizo eternamente largo a Xavier. Pensaba en Dorian dándole de comer a Valeria, en Dorian inmovilizándola y besándola.
Xavier jadeó y apartó esos pensamientos de su cabeza. En cuanto llegaron al hotel, bajó del coche y se dirigió al restaurante.
Y, por supuesto, vio a Valeria y a Dorian. Valeria sonreía radiante y estaba preciosa.
Xavier resopló. ¿Cuándo le había sonreído ella? Así que guardaba las sonrisas y las expresiones agradables