(Perspectiva de Rodrigo)
Eran casi las nove de la noche cuando el silencio de la mansión dejó de agobiarme. Antes, este silencio era como un zumbido constante en los oídos, un recordatorio de todo lo que había perdido. Pero hoy, mientras caminaba por el pasillo de mármol, el sonido que salía del salón era el de una respiración tranquila y el runrún de fondo de la tele.
Me paré en el marco de la puerta y, por un momento, se me olvidó hasta cómo respirar. La estampa era un viaje de realidad y de