Me desperté con la luz del sol entrando por las rendijas de la persiana.
Mi primer pensamiento fue… Madre mía, como me duele o cuerpo.
Y mi segundo pensamiento fue…. y vale cada segundo de este dolor.
Intenté moverme y noté cómo cada músculo se quejaba.
Tenía las piernas pesadas, la espalda dolorida y, entre las piernas... definitivamente estaba dolorida.
Pero una sonrisa tonta se me dibujó en la cara antes de que pudiera evitarlo.
No, no me iba a quejar. No después de la noche que había tenido