Cap.85

Parecía una niña enfadada, frustrada con el mundo. Fue un destello tan puro, tan alejado de la niñera defensiva o de la mujer fogosa de los besos, que algo se me encogió por dentro. Me acerqué y le tendí la bolsa de hielo.

— Vamos a poner esto, ayudará con el hinchazón hasta que nos vayamos.

Miró la bolsa, luego a mí y, en un acto de pura rebeldía, me la quitó de la mano.

— Déjame, ya lo hago yo. Y no voy a salir de aquí.

La chispa de mi irritación, que se había apagado un poco, volvió con fuer
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