Tenía el pelo castaño oscuro, cortado a ras de la nuca, un estilo práctico y severo que intentaba transmitir profesionalidad. Ojos castaños claros, un poco abiertos de más, clavados en mí con una mezcla de respeto y nerviosismo mal disimulado. Tenía la piel muy clara, casi pálida. La había visto antes, deambulando por los pasillos de administración. Una cara más entre la multitud, sin nombre ni importancia.
— Señor Ferreira —empezó, con la voz algo más firme de lo que su postura prometía, y for