La imagen de aquella boca impertinente, que me respondía con insolencia, ahora envuelta en mí. Fue el gemido ronco que había soltado en la cocina, transformado ahora en un sonido de placer. La sensación de sus manos en mi pelo, tirando, no solo aceptando. En mi cabeza, era ella la que estaba allí, de rodillas, mirándome con esos ojos castaños llenos de fuego y desafío, devorándome.
La fantasía fue tan vívida, tan potente, que la ola de placer que me recorrió fue arrolladora. Un rugido ahogado s