Los pasos bajaron la escalera; se oían tacones. Me tapé la boca con la mano para ahogar la respiración, que parecía un fuelle. Vi primero los pies, unos zapatos caros, y luego las piernas y el vestido ajustado subiendo rápidamente mientras bajaba. Era morena, guapísima, con ese aire de quien acaba de ganar la lotería. Ni miró a los lados, se fue directa a la puerta principal. La puerta se abrió y se cerró, y el silencio volvió a reinar en la casa, ahora cien veces más pesado.
Me quedé allí esco