Cap.34

La ducha tenía que ser fría. Sentía el agua casi helada golpeando mi espalda, intentando borrar la sensación de piel caliente bajo mis manos, el olor a perfume casero, la imagen de aquella braguita negra.

Funcionó durante unos segundos, pero luego la imagen volvía, más nítida, más intrusiva.

Me vestí en piloto automático…

Camisa color vino impecable, pantalón de lino oscuro, el reloj que era más una armadura que un accesorio. Todo perfectamente controlado.

Por fuera.

El coche parecía conducirse
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