Cap.141
Con Laura observando, curiosa como un pajarito, levanté la tapa.
Dentro, sobre capas de seda fina, reposaba un vestido.
No era solo un vestido de gala.
Era una obra de arte con un tono profundo de azul marino casi negro, en una caída fluida que prometía moldearse al cuerpo.
La tela era pesada, sedosa, con un brillo discreto.
No había escotes exagerados, ni slit. Era elegante, poderoso, severamente bello.
Exactamente lo que se usaría para pasar desapercibida entre la élite, pero con una