—Tranquila, amor mío. No te preocupes que papá va a resolver esto.—le hablo a Sammy intentando calmar sus nervios.
Por suerte la bebé deja de llorar.
Comienza a gimotear suavemente y a cabecear, como si se estuviera quedando dormida.
El auto sigue detrás de mí y estoy dudando si aumentar la velocidad o reducirla.
Me decido por la segunda opción.
Al reducir la velocidad, veo como del auto salen brazos sosteniendo armas en mi dirección.
—Oh, no. Eso sí que no. No pienso arriesgar la vida de mi hi