Pobre Elara
Tras firmar aquel documento, mi vida se convirtió en una vorágine de seguir a Chase Caruso a todas partes como una mascota fiel. Ya no era solo una periodista; era su sombra personal, encargada de documentar cada uno de sus movimientos mientras intentaba cumplir con estándares que parecían cambiar cada cinco minutos. Habían pasado cuatro días desde que comenzó esta pesadilla, y ya había aprendido que impresionarlo era una tarea imposible. Desde el principio había dejado claro que re