Liora bajó las escaleras con pasos pausados, el dobladillo del polo rozando sus muslos como un susurro seductor. La tela, suave y holgada, se adhería ligeramente a su piel húmeda, el escote apenas dejaba entrever la curva de su clavícula. Descalza, sintió la fría madera bajo sus plantas, cada crujido intensificando la silenciosa anticipación que se acumulaba en su interior. La casa la envolvió en su silencio, las sombras danzaban a la luz del fuego en la planta baja, atrayéndola hacia la sala de estar donde Riven la esperaba. Se recostó junto a la chimenea, con un vaso en la mano, mientras las llamas proyectaban destellos ámbar sobre sus afilados rasgos. Llevaba las mangas de la camisa remangadas, dejando al descubierto unos antebrazos musculosos y sutilmente fuertes, y alzó la vista cuando ella entró, fijándose en su figura con inmediata intensidad. El polo se subió ligeramente con su movimiento, revelando la suave extensión de sus piernas, pálidas e impolutas salvo por el leve rubo
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