Me desperté a la mañana siguiente con la piel aún sensible, el rastro del agarre de Chase persistía en mis caderas y su aroma impregnaba mis sábanas. Un rato, me quedé tumbada, mirando al techo, preguntándome si acababa de entregar mi vida entera por una bonificación y un poco de adrenalina. Lo había llamado depredador, y él había seguido el juego, pero había algo en la forma en que me miró antes de que saliera de la oficina, algo que no parecía un juego.
Cuando entré al edificio a las nueve, n