En el Orfanato todo marchaba bien, Antonio se hizo amigo y se ganó el cariño de las empleadas, cocineras, cuidadoras de la rectora y el profesor. Jugaba con todos los niños y todos lo querían.
El Orfanato había cambiado su apariencia, no solo por dentro, su salón, cocina, habitaciones, baños, sino que por fuera también, arregló su fachada, el techo, arregló el jardín, colocó juegos para niños, plantaron más árboles y pusieron seguridad en todo el cierre perimetral.
La vida de los niños y niñas