Los días pasaron y Caesar se la pasaba en su oficina. No podía decir nada, ya que en parte era mi culpa que él estuviera trabajando el doble. Así que hice algo que tal vez le ayudaría un poco.
Yo había llamado a Agustín para que me diera un par de clases de cocina, y también para que me ayudara a hacer la cena de hoy.
— Eres horrible en esto, es mejor que compres la comida ya preparada — Me dijo mientras me veía picar unas verduras.
Yo dejé el cuchillo a un lado y lo mire.
— Se supone que estás