Kaleb:
—Llego tu turno jefe —dice el hombre que arregla las peleas y yo asiento. Hace bastante tiempo que no volvía a esto, lo necesito.
—No vayas a cometer una estupidez —dice Nico. Subo al octágono y comienzo a pasearme alrededor.
El hombre con el que me ha tocado pelear es bastante grande, casi 2 metros de estatura y más de 100 kilos de peso.
Escucho a la gente gritar y después la campana suena. Me muevo de un lado a otro y el primer golpe llega directo a mi boca. Escucho las maldiciones de