Sylvana:—Mierda —despierto sobresaltada, miro el reloj 5:50 am—. No puede ser.Corro a la ducha rápidamente y en cuestión de 4 minutos estoy afuera. Me coloco el uniforme, doy un beso a mi padre que aún está descansando y salgo de la habitación. No puede ser, en dos minutos entro a la cafetería. El señor Hernán me matará. La ventaja es que el lugar está a 4 manzanas del hospital. Al salir corro como una loca desquiciada. Agradezco que no haya mucha gente por las calles. Cruzo una, es inevitable no pensar en lo sucedido ayer, la verdad es que no he podido sacar de mi cabeza esos hermosos ojos café verdosos y su ronca voz y como me ha ayudado.Cruzo la última calle para llegar al trabajo cuando un golpe me desequilibra. —¿Señorita?, ¿está bien? —escucho gritos, pestañeo varias veces.—¿Qué está pasando?, mi trabajo, llegaré tarde… —me pongo de pie de un solo salto, pero la mano de un hombre mayor me sostiene.—No puede irse así, la acabo de arrollar, tiene sangre en su… —niego varia
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