**AMARA**
Me planté a escasos centímetros de su pecho, forzándolo a inclinar la cabeza hacia abajo para sostener mi mirada felina. Con un descaro desquiciado, alcé la mano izquierda y deslicé el diamante de compromiso por su mandíbula áspera, rozando su sombra de barba, desafiando abiertamente la última línea de su disciplina.
—Me da asco que me miren con sus ojos patricios, Magnus —provoqué, mi voz una caricia líquida y cargada de una picardía obsesiva—. Quiero que borres su altivo derecho de