**AMARA**
Una risa limpia, afilada como un bisturí, brotó de mi garganta, aunque mis pupilas verdes se dilataron por una descarga de celos viscerales y pura rabia. Julian estaba intentando jugar al chantaje con el hombre equivocado.
La doble hoja de madera maciza del dormitorio se abrió con un chasquido seco. Magnus cruzó el umbral portando una taza de café negro, vistiendo únicamente unos pantalones de sastre oscuros que dejaban expuesto el mapa de músculos y veta salvaje de su pecho. Su fijez