**MAGNUS**
Amara soltó una carcajada limpia, afilada como un bisturí, y se interpuso entre nosotros, rozando intencionalmente mi pecho con su hombro descubierto. Su picardía era un veneno altamente adictivo.
—¿Compraste su correa, Julian? —susurró ella, su voz una caricia líquida impregnada de pura malicia—. Qué tierno eres. No puedes comprar el hambre de un lobo que ya me poseyó sobre la mesa de la cabaña, en tu jet privado y contra el hormigón de tus propios barracones. Magnus no es tu sirvie