**MAGNUS**
Me abroché los botones de una camisa oscura limpia con movimientos secos, ignorando el pinchazo ardiente de la costura en mi costado. Amara me observaba desde el colchón, con las caderas apoyadas en las almohadas y esa picardía desquiciada iluminándole las pupilas verdes. El descaro criminal de la heredera no tenía límites; ni la quiebra inminente ni las amenazas de su linaje lograban restarle un ápice de su parsimonia letal.
—Quédate aquí arriba, Sterling —le ordené, mi voz saliendo