**AMARA**
La señal luminosa de abrocharse los cinturones se encendió sobre nuestras cabezas con un timbre agudo que rasgó la penumbra densa del reservado de la cocina. El avión inclinó el morro hacia el asfalto de París, obligando a mi cuerpo a pegarse aún más contra la ruda opresión del pecho de Magnus. Sentí el rastro abrasador de sus dedos colosales aferrándome las caderas a través de la costura desgarrada de mi seda esmeralda; mis muslos aún temblaban por la urgencia salvaje con la que el l