El sol de finales de septiembre caía sobre el estacionamiento de la escuela; se oían bocinazos, autos entrando y saliendo. El olor a algodón de azúcar flotaba desde la mesa de snacks, mezclado con hot dogs a la parrilla y césped recién cortado.
Algunos niños gritaban en la casa inflable, mientras los padres hacían ofertas en la subasta silenciosa.
Un cartel colgaba entre dos postes que decía: “Festival de Otoño de la Escuela Primaria Springfield — ¡A Sumergir al Maestro!” en letras rojas brilla