La luna de sangre regresó exactamente un año después, más grande, más roja, colgando tan baja que parecía que podría estrellarse contra el océano. La sentí en los huesos incluso antes de que el sol se pusiera. Un tirón. Un calor. Como si mi cuerpo recordara cada luna llena desde aquella primera noche sobre la barra y quisiera revivirlas todas de golpe.
Calder cerró el bar temprano, sin dar explicaciones a los clientes habituales, solo dijo: “Emergencia familiar”. Ellos refunfuñaron, pero se fue