Erin
Miraba a la señora mientras intentaba tranquilizarme. Decía que no debía preocuparme, que no me pasaría nada, que nadie iba a venderme ni a hacerme daño. Aun así, el miedo no desaparecía. Un hombre que salve, había intentado secuestrarme y yo no tenía idea de cuáles eran sus verdaderas intenciones. Eso me aterraba.
—Hablaré por ti para que te lleven nuevamente al convento —dijo con calma—. Discúlpanos, a veces mi esposo y Ángel, cometen locuras sin pensarlas.
Sus palabras no lograban aliv