—¿Acaso sufre usted porque está enamorado de alguien prohibido? —cuestiona al saber que de alguna forma han roto una barrera.
—¡Lo hago, María! ¡Con locura! Sufro con dolor y locura cada día, ¡y no sé hasta cuándo podré soportarlo! —vocifera tambaleándose de un lado a otro.
Justo cuando María tiene el impuso de detenerlo y hacerlo estar más cerca de ella, el Duque le sonríe ampliamente, ella le devuelve la sonrisa encantada, y este cierra los ojos tambaleándose y cayendo de repente al suelo.