—La señorita Anna está a salvo en casa de unos pueblerinos pero vine a buscarlo para que repare el carruaje, señor, si no llego con él pueden pensar algo malo de mí, señor.
—¡Algo malo de ti! —Sacude la cabeza—. ¡Deja a mi hija tranquila y vamos hacia allá!
—Sí, sí, como ordene, señor —dice Julián, nervioso por la cara del hombre.
Mientras tanto, Teresa se ríe por la situación. Sabe que su padre daría todo porque ellas fueran unas niñas de nuevo, pero eso jamás sucederá.
Una vez que Pedro e