—¿Estás de acuerdo con esto? —inquiere el príncipe a su mejor amigo, sintiéndose abrumado y bastante molesto.
—No lo estoy... pero relájate, nadie puede negarse.
Ambos siguen escuchando una y otra vez el plan que sugiere el capitán del ejército, Rodrigo bebé de la copa que su madre le extiende cuando también, resignado, opina sobre los caminos montañosos de Francia.
—¡Sabe mucho, príncipe! —le exclama el capitán, pero antes de que Rodrigo pueda responder que a él sólo le encanta leer, siente