Emma desde su trono observa cada movimiento en la pista. Puede ver lo feliz que luce Elisa, lo frustrado que está su hijo, y la mirada llena de rabia en Anna. Aquella mirada le eriza la piel, cuando la muchacha voltea hacia ella, y la reina no puede más que rodar la vista en desacuerdo por su presencia. Entonces se concentra en ver a la distancia todos los obsequios que los invitados le han traído. Y al no ver nada interesante su vista va de nuevo hacia los invitados; es en este momento cuando