La mañana siguiente después del desayuno, Cleotaldo se encuentra examinando los caballos que llevarán el carruaje real para un paseo entre Anna y Hans.
Rodrigo ve desde el balcón cómo su primo ayuda a la pelinegra a subir al carruaje y su estómago se revuelve. Ninguno de los dos parece en desacuerdo con ese compromiso, y el castaño desearía que alguno de ellos hiciera algo que lo eche todo a perder. Se siente cada vez más débil al ni siquiera poder acercarse a Anna como el hermano que se supon