María, quien se encontraba caminando hacia el comedor con más jugo, al escuchar el anuncio del compromiso entre Hans y Anna siente sus manos como gelatina y deja caer el envase.
Los presentes se giran hasta ella, y cuando los ojos claros de Hans encuentran los oscuros de María, ambos sienten la angustia arrolladora.
—¡Lo lamento! —se disculpa María sintiendo el nudo en su garganta.
Para cuando Hernán ve a su hija agacharse para recoger el desastre y nota las lágrimas en sus mejillas, se acer