44. Dudas inesperadas
A este punto mentiría si la mirada de Román y su severa sentencia no hacen que pierda un poco la calma. Como si ya sintiera en su cuello una soga que jala más de ella para asfixiarla.
Aprieta los dedos al volante y vuelve a respirar.
—No sé cómo decirte esto…—Julieta murmura con la vista fija en la carretera. Todavía no sabe a dónde se dirige, y lo más probable es que ambos tengan qué tomar rutas donde exigen una identificación. Para ese momento tendrán que tener un plan. ¿Realmente puede conf