28. Falta de privacidad

Cuando ya estaba calmada y arreglada se había encaminado hacia la habitación de Lizzie y en ese lugar, junto a la Leila y Andrado charlando frente a la bebé, encontró a la pequeña princesa jugando con su oso de peluche.

Ni siquiera sabía cómo será capaz de controlar la mil y un mareas dentro de su pecho.

Leila había dicho que Lizzie esperaba por sus padres y no pudo negar que algo de felicidad se apoderó en su pecho al oír “sus padres” y que ya la consideraran como una figura materna para Lizzi
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