SILAS
"¿Cómo coño alguien puede quemar el pan?", reprendí, refunfuñando mientras hacía rebotar el pan negro y duro en mi mano y luego lo arrojaba al fregadero.
"Papi", me miró mi hija de siete años mientras reprendía. "Mala palabra, y has quemado la tostada porque estabas demasiado ocupado tratando de no quemar el tocino", se rio, sentándose en el taburete de la barra y observándome con diversión en sus ojos. Se estaba convirtiendo en una chica muy guapa.
"Normalmente no soy tan mal cocinero"