GRACE
El trance en el que se había encontrado se rompió tan rápido como cayó en él. Se apresuró a alcanzarme de nuevo, igualando mi paso lo mejor que pudo: "Nadie nunca había mencionado mis ojos".
Me encogí de hombros: "Así que a nadie le parece raro que a veces sean púrpura y otra marrón miel".
"Los tuyos se vuelven de color obsidiana a veces y luego se convierten en este gris azulado", señaló. Me hizo sentir un poco menos incómoda el hecho de que hubiera dedicado tanto tiempo a analizar sus