GRACE
Nos sentamos en la cocina de la manada, con Lana tomando una taza de café humeante en sus manos. Estaba sentada en un taburete, con los codos apoyados en la encimera. Silas y yo nos arrodillamos contra la isla, con los brazos cruzados y la confusión marcando nuestros rasgos. Tuvimos que traerla aquí porque se negaba a revelarme nada mientras estaba rodeada de tantos hombres dispuestos a atacarla.
Silas despidió a sus hombres y nos escoltó personalmente hasta aquí. No le entusiasmaba dema