La noche cayó con calma en el lugar, Edel y Kion volvieron a la habitación que estaba funcionando como su celda, los soldados que les vigilaban no hablaron en ningún momento, todo lo que hicieron fue llevarlos de regreso a la habitación y esposarles, dejándolos completamente en silencio. Las luces se apagaron en algún momento, obligándolos a estar en completa oscuridad, aunque la luz realmente no era una necesidad al no poder hacer nada. Kion se dio cuenta que una cámara apuntaba hacia ellos de