ADAMO
Los hombres de Caruso me conducen hasta el estacionamiento, nos detenemos cuando llegamos a un auto completamente negro.
—El señor ha dicho que entre, ahí podrán hablar mejor —anuncia uno de sus hombres.
¿Qué demonios quiere este tipo conmigo?
—No —me negué —Si quiere hablar que sea aquí mismo.
No iba a hacer lo que él quisiera, no obedecía órdenes de nadie que no fuera mi Capo, y este maldito estaba muy lejos de serlo. Aunque sea un lugarteniente de la organización vecina con la que