Cómo amo Las Vegas.
Desperté en medio de la sala del departamento con un horrible dolor de cabeza y un sabor asqueroso en mi boca.
—Mierda ¿Qué fue lo que hice anoche?
—Y en la mañana.
Dice mi hermosa arpía con un vaso de agua y unas aspirinas, me las ofrece y en mi cabeza aparecen leves destellos de estar bailando con unas chicas y luego decirles que me iba porque mi esposita me esperaba en casa.
—¡Dios! ¿te molesté mucho?
—No tanto, por suerte Louise no notó cuando corriste a la habitación y vomitaste hasta tu c