Nuestra llegada a Dublín fue de lo más tranquila, lo único que me pareció extraño fue ver a Lauren en el aeropuerto esperándonos.
—¡Nino! ¡Viniste por nosotros!
Louise se lanzó a los brazos de ese viejo que me debía unas cuantas explicaciones después de lo sucedido antes del vuelo, pero hoy no tenía ganas de discutir, solo de llegar a mi departamento y echarme en mi cama, para dormir mil horas de ser posible.
—Joven Connelly, bienvenido.
—Lauren.
Asentí al saludo y tomamos nuestro equipaje. Nos