Jabir me miraba pensativo. Se encogió de hombros.
—Se habían quedado dormidas en la hamaca.
—Pues Amira se encuentra enojada conmigo.
—No piden el consejo.
Yaro llegó recién bañado, tomado de la mano de Salomé, quién también estaba con el cabello mojado. Mira nada más, ellos sí que se extrañaron.
» Sigan nuestro ejemplo. Ya somos bastante grandecitos como para ponernos a esperar a ver si funciona. —miró a Yaro.
—¿Me estás pidiendo que les diga algo? —Salomé lo miró y se echó a reír—. Tú eres el